Cuando Siqueiros llega a la Argentina,
creía que tenía las ideas claras, que ser un revolucionario era sencillo, que
para la revolución siempre es un buen momento. Lamentablemente no es así, por
lo menos para la revolución social y política. Lo contrario pasa con la
artística, que como dice el mexicano, “siempre es un buen momento”, más si
sirve como motor para la participación popular.
Siqueiros llega al país
siendo ya una personalidad reconocida en el circuito del arte, venia de exponer
en Paris y Nueva York. También, llegaba exiliado de su país natal, en donde
militó activamente desde muy joven en el Partido Comunista hasta su muerte, lo
que hizo que todas sus obras tuvieran contenido social, que estuvieran
comprometidas con la realidad. Victoria Ocampo lo convoca al país para que
brinde conferencias sobre el rol del artista. En su llegada a la Argentina, se
ve como el muralista se planta contra la clase alta porteña, diciéndoles “que
el arte no tiene que ser un objeto de la aristocracia”, sino que “los murales
tienen que estar concebidos para las masas”, o cuando habla en el sindicato
argentino de artistas plásticos, que les dice a sus colegas que “mientras
sigamos siendo industria, los burgueses van a seguir tratándonos como objetos”,
refiriéndose claramente al arte, a no regalarle las expresiones artísticas a la
aristocracia, y poder sacarlo a la calle para que sea para todos.
De todas formas, de lo que
Siqueiros dice, a lo que Siqueiros hace hay una gran brecha. Por lo menos así
le pasó en Argentina. Ya que al no poder hacer el mural donde él quería, frente
al riachuelo, termina haciendo lo contrario de los ideales que fomentaba. Algo
de no creer en la actitud de Siqueiros, es que, tanto habló de la revolución
social y del arte popular, que al final, terminó ahogado con su propia saliva.
Pinta el mural en el sótano de la finca de Natalio Botana, el millonario
director del Diario Critica.
El muralista se justifica
diciendo que también venia a enseñar y adquirir técnicas del arte plástico y a hacer
una revolución artística. Lo raro es que cuando llega habla de la revolución artística
como medio para una revolución social y termina haciendo una revolución artística
porque no puede hacer una revolución social. También plantea otra dicotomía, la
de hacer arte para las masas y termina haciendo un mural en el sótano de la
mansión de un millonario.
Lo que no podemos negar es
que Siqueiros es un revolucionario, si bien se contradice, en un momento hace
una autocrítica, le dice a Neruda que “los dos somos parte de la misma
hipocresía, de haber caído en manos de la burguesía”. De todas formas,
“Ejercicio plástico” es la única obra sin contenido social que hace, aunque el
nombre del mural indica desde que lugar entiende y plantea su obra. Como un
aprendizaje.
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